jueves, 17 de agosto de 2017

Nada había y Es cosa mía, sonetos

Nada había 

Del yermo de mi vida nada había,
si acaso una pradera abandonada
tan solo entre sus ruinas visitada
por las ansias de amar, en fantasía.

Fuente sin agua, catedral vacía, 
en un amanecer sin alborada.
¿ Cómo esperar que donde sólo hay nada
brote un amor hasta la idolatría?

Y sin embargo, por el cielo enviada
cruzó mi senda venturoso día
misteriosa mujer, igual que un Hada.

Y allí en mi corazón que nada había
con la fuerza impetuosa de cascada,
brotó mi amor en donde nada había.
Es cosa mía

No tienes que pedirme que te olvide
porque esa decisión me corresponde,
tú puedes retirarte no sé a dónde,
que en lo demás mi voluntad decide.

Que nada tu partida la intimide
como avestruz que la cabeza esconde,
a tus propósitos nomas responde
y nada de lo ajeno se te anide.

Cuando la barca de tu amor ya parte,
porque te vas como llegaste un día,
si deja o no mi corazón de amarte

no ha de secarse entonces la bahía:
que si vuelvo amoroso a recordarte
o si acaso te olvido, es cosa mía.

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