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viernes, 16 de junio de 2017

Soneto III y IV de Octavio Paz

Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te desnuda y quema y vuelve yelo.

Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo el verde cielo adolescente,
tu cuerpo da su enamorada suma.
Bajo el cielo fiel Junio corría
arrastrando en sus aguas dulces fechas,
ardientes horas en la luz deshechas,
frutos y labios que mi sed asía.

Sobre mi juventud Junio corría:
golpeaban mi ser sus aguas flechas,
despeñadas y obscuras en las brechas
que su avidez en ráfagas abría.

Ay, presuroso Junio nunca mío,
invisible entre puros resplandores,
mortales horas en terribles goces,

¡cómo alzabas mi ser, crecido río,
en júbilos sin voz, mudos clamores,
viva espada de luz entre dos voces!



















Octavio Irineo Paz Lozano (Ciudad de México, 31 de marzo de 1914, 19 de abril de 1998) fue un poeta, ensayista y diplomático mexicano, Premio Nobel de Literatura en 1990. Se le considera uno de los más influyentes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Su extensa obra abarcó géneros diverso...Para saber más pulse aquí.

A la pequeña Sara, Dulce estampa

Que estampa, por dios que estampa
son las que en alma se quedan
esta linda niña y la nobleza animal
regalo a la vida, de sueños y esperanza.

Niña de coletas que a empezar tu vives
estás bendecía por la belleza en tus ojos
un amigo fiel sentado a tus pies
y un mundo lleno de sueños hermosos.
Tu eres el futuro que aplacará la dureza
de esta vida llena de sentimientos rotos
tu serás ese faro que sobre la tormenta
brillará con la fuerza de miles de rayos.

Yo ya no estaré aquí cuando entiendas
este poema que te escribo y me produce
esa serenidad que la humanidad me quita
y que tu me devuelves, con tu carita dulce.

A la pequeña Sara