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lunes, 4 de septiembre de 2017

Dos sonetos de Garcilaso

Soneto XXXIII

Boscán, las armas y el furor de Marte, 
que con su propria fuerza el africano 
suelo regando, hacen que el romano 
imperio reverdezca en esta parte,

han reducido a la memoria del arte 
y el antiguo valor italïano, 
por cuya fuerza y valerosa mano 
África se aterró de parte a parte.

Aquí donde el romano encendimiento, 
donde el fuego y la llama licenciosa 
sólo el nombre dejaron a Cartago,

vuelve y revuelve mi pensamiento, 
hiere y enciende el alma temerosa, 
y en llanto y en ceniza me deshago.
Soneto XXXIV

Gracias al cielo doy que ya del cuello 
del todo el grave yugo ha desasido, 
y que del viento el mar embravecido 
veré desde lo alto sin temello;

veré colgada de un sutil cabello 
la vida del amante embebecido 
en su error, en engaño adormecido, 
sordo a las voces que le avisan dello.

Alegrárame el mal de los mortales, 
y yo en aquesto no tan inhumano 
seré contra mi ser cuanto parece:

alegraréme , como hace el sano, 
no de ver a los otros en los males, 
sino de ver que dellos él carece.





















Garcilaso de la Vega. En 1526, con motivo de las bodas de Carlos I con Isabel de Portugal, acompañó a la Corte en un viaje por varias ciudades españolas y se enamoró platónicamente de una dama portuguesa de la reina, Isabel Freyre, que cantó bajo el anagrama de Elisa en sus versos, que a ella son debidos...Para saber mas pulse aquí.