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martes, 5 de diciembre de 2017

El cementerio crece...


En las chozas había mujeres y niños desmembrados, la sangre cubría parte del piso de tierra, pero no se habían comido ninguno de los restos, el mensaje les llegó claro a todos, era una advertencia y una cruel carnicería. Lucrecia lloraba sin disimulo, Javier lloraba y cada hombre lloraba como un chiquillo, aquella barbaridad superaba a todo lo que hubieran pensado. Después del shock inicial, Lucrecia les pidió calma y que los más importante era fortalecer el sitio para pasar la noche. Tomaron piedras planas de pizarra que abundaba en la zona para hacer una barricada frente a la campana, acumularon una gran cantidad de leña a la que prendieron fuego y tres hombres con escopetas permanecerían despiertos hasta que amaneciera.

Al amanecer, no había duda por los cansados ojos, que nadie había podido dormir, pero una labor era urgente, enterrar a las mujeres y los niños antes que se produjera una epidemia. Llevaron cabezas, torsos y cuerpo hacia el cementerio donde solo reposaban hasta el momento los restos de dos inquilinos, el hijo que llevaba Javier y Eva al instalarse en la aldea, que murió violado y asesinado por Fray Tomas, la pareja de Lucrecia y el mismo Fray Tomas, decapitado por Lucrecia mientras dormía.
Hicieron una fosa común para enterrar todos los restos y con una gran cruz echa de troncos de castaño, señalaron el sitio rezando por primera vez todos juntos una plegaria.

Cuando terminó la corta ceremonia, los hombres que se habían quedado sin sus mujeres y sus hijos, decidieron marcharse de la aldea, dejaron atrás todo lo que tenían para ayudar a los que se quedaban que solo eran, Lucrecia, Javier y tres buscados por la justicia que no se atrevían a moverse de ese paraje solitario y a salvo de alguaciles o cazadores de recompensas.

Se dedicaron a fortalecer las chozas y colocar trampas en todo el perímetro, sobre el suelo rodeando toda la aldea, colocaron cordeles de cáñamo atados a unos pequeños palos de madera de donde pendía un par de cañas secas muy cerca una de la otra que sonarían en cuanto tocaran las cuerdas.

Contaban con las tres escopetas y tenían víveres que dejaron los que se marcharon para pasar una corta temporada sin tener que salir a cazar, en los pequeños huertos también tenían existencias de temporada y eso les daba cierta tranquilidad en cuanto a subsistencia, pero el peligro potencial sabía que estaba acechando continuamente en las proximidades, un peligro que había que tomarse en serio si querían seguir con vida.

Lucrecia rondaba los cincuenta años y pese a su apergaminada piel por el sol y las inclemencias, conservaba un cuerpo aún deseable, nunca hubo entre ella y Javier un acercamiento en el sentido sexual, pero estaban viviendo juntos en la misma choza, el cariño los unió por las desgracias vividas juntos, la soledad de ambo fue propicia para un acercamiento mas intimo y descubrieron en el sexo, algo más que un apetito carnal, la primera vez que lo hicieron, lloraron los dos abrazados antes de dormirse.

Por la mañana hablaron de los planes futuros, en la aldea no se podían quedar expuestos continuamente a la amenaza potencial de esos seres nacidos de una pesadilla y decidieron abandonar la aldea…No se iban definitivamente, querían hacerse del material que necesitaba para volver a la cueva y acabar definitivamente con esos asesinos…Tomaron el camino del pueblo para cumplir sus planes…De mi novela, Venganza salvaje, para leer mas pulse aquí.

Ángel Reyes Burgos

Don Luis de Gongora, sonetos.

Cual parece al romper de la mañana
aljófar blanco sobre frescas rosas,
o cual por manos hecha artificiosas
bordadura de perlas sobre grana,
               
tales de mi pastora soberana
parecían las lágrimas hermosas
sobre las dos mejillas milagrosas,
de quien mezcladas leche y sangre mana,

lanzando a vueltas de su tierno llanto
un ardiente suspiro de su pecho,
tal que el más duro canto enterneciera:

si enternecer bastara un duro canto,
mirad qué habrá con un corazón hecho,
que al llanto y al suspiro fue de cera. 
Culto jurado, si mi bella dama,
en cuyo generoso mortal manto
arde, como en cristal de templo santo,
de un limpio amor la más ilustre llama,

tu musa inspira, vivirá tu fama
sin invidiar tu noble patria a Manto,
y honrarte ha, en premio de tu dulce canto,
no de verde laurel caduca rama,

sino de estrellas inmortal corona.
Haga, pues, tu dulcísimo instrumento
bellos efectos, pues la causa es bella,

que no habrá piedra, planta, ni persona,
que suspensa no siga el tierno acento,
siendo tuya la voz, y el canto della.






















La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas» Para saber mas pulse aquí.

Acurrúcate...poema de amor

Cuando te acurrucas a mi lado
tu ternura me atraviesa
y en mi el alma y con tus besos
mil marejadas despiertas.

Tu boca como un capullo
de rosa fresca y lozana
fluye por mi pecho rendido
y cien tempestades desatas.

Yo me abandono a mi suerte
pues que suerte puede haber mejor
que con mis labios tenerte
en nuestra historia de amor.
El tiempo en mi se detiene
o es solo esa sensación
cuando mi temperatura arde
como en la mañana el sol.

No me importa que sean cursis
los versos que a ti te escribo
porque son solo para ti
cuando tus abrazos recibo.

Son besos y abrazos que das
en esas hermosas madrugadas
que los siento como un arrullo
de bandadas de palomas...
















Acurrucate crayolita
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